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Después del After

23 noviembre 2010
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Jueves por la noche.

Llego a la estación Perú, justo a tiempo para tomarme el último subte.
El after office estuvo bueno, pero siento que me falta algo mas para cerrar la jornada.
Llega el subte prácticamente vacío. Subo y me siento al fondo. Antes de que se cierre la puerta, entrás vos y te ubicás en los asientos al otro lado de la puerta. Justo enfrente mío, y te quedás mirando al infinito a través de la ventana.
Te conozco. Trabajamos en la misma empresa. Estás en el piso de arriba, en recursos humanos. No sé tu nombre, pero te he visto varias veces.
Te habrás quedado laburando hasta tarde. Debés ser adicta al trabajo. ¿A qué otras cosas serás adicta?
Me mirás y yo miro para otro lado. Luego te miro y vos volvés a girar tu cabeza hacia la ventana. ¿Vos también me reconociste?
El subte nos va transportando a lo largo de avenida Rivadavia, mientras te sigo mirando sin que te des cuenta. O fingiendo no darte cuenta.
¡Qué buena que estás! Ese trajecito te queda pintado. Me gustan los ojos detrás de tus lentes. Ni hablar de tus tetas firmes y esas piernas que se ven bien torneadas. Seguro que te matás en el gimnasio.
Te imagino cogiendo conmigo en la oficina y ya empiezo a calentarme.
Me mirás y creo que te das cuenta de que te estoy desvistiendo con mi mente, porque puedo notar que tus ojos, aunque un poco escondidos, posan su mirada en mí.
Creo que te gusta, porque empezás a reacomodarte en el asiento. Te sentás de forma tal que te pueda apreciar mejor.
Ahora me estás mirando fijo, y yo me quedo petrificado.
Verificás que no haya nadie mas mirándote y empezás a acariciarte. Primero las piernas, luego la cintura, y ahora tus pechos. Siempre disimuladamente, para que solo yo lo note.
Te correspondo y me llevo una mano a la pija. Te muestro que la tengo bien parada.
Abrís tus piernas, me mostrás como te tocás por encima de tu bombacha e, instantáneamente, me elevas el grado de excitación. Ahora te la estas corriendo y me dejás ver tu concha toda depilada.
¡Hija de puta! ¡Qué buena que estás!
Parece que se acerca tu estación, porque de pronto te acomdás la ropa y te incorporás. Abrís tu cartera, sacás un papelito cuadrado, de esos típicos de la oficina, una lapicera, y anotás algo.
Antes de bajar en la estación Río de Janeiro, hacés un bollo con el papel y, sin siquiera mirarme, lo arrojás a mis pies.
Las puertas se cierran. Tomo el papel y lo leo. Es tu dirección y un horario: 1:00am.

Madrugada del viernes.

Toco el timbre. A los pocos segundos se prende una luz y deduzco que me estas viendo por la cámara del portero visor.
Me abrís y me dirijo derecho al ascensor.  Bajo en el 5to piso y noto que tu puerta ya está entre abierta. Ya con eso me pongo al palo.
Ni bien atravieso la entrada de tu departamento, siento tu mano en mi hombro. Estás apoyada contra la pared al lado de la puerta. La cierro detrás mío y, ahí nomás, te pongo una mano en la nuca y te como la boca.
Nos besamos intensamente. Nuestras lenguas no encuentran fondo. El deseo chorrea por nuestros labios y la temperatura derrite todo a nuestro alrededor.
Te miro. Estás vestida como en el subte, pero te soltaste el pelo y te sacaste los lentes.
Vuelvo sobre vos y te arrincono bien contra la pared. Tu mano ahora está sobre mi hinchada pija que quiere desgarrar el pantalón.
Me girás y ahora soy yo quién está de espaldas contra la pared. Te arrodillás, me sacás la verga afuera y me la chupás como una desquiciada. ¡Qué bien me la chupás, hija de puta!
Tus manos van y vienen sobre mi tronco. Me la chupás, me la escupís, me la masajeás y me la volvés a chupar.
Mis uñas arañan tus paredes. Luego te agarro la cabeza y acompaño tus movimientos.
¡Cómo te gusta, eh! ¡Qué puta sos! No voy a dejar que me hagas acabar ahora.
Te agarro de los pelos y te hago subir. Te tomo de la blusa y, sin importarme que tan cara es, te la abro de un tirón haciendo saltar todos los botones.
¡Qué lindas tetas tenés, hija de puta!
Te llevo hasta el sillón, te arranco el corpiño y te empiezo a chupar las tetas como nunca se las chupé a nadie. Muerdo tus pezones sin llegar a lastimarte. Te gusta. Sé que te gusta.
Ahora sos vos quién me desabotona la camisa y muerde mis pezones. ¡Me duele, hija de puta! ¡Seguí haciéndolo!
Me termino de sacar la ropa y ya estás en cuatro, esperando que te coja. Te arremango la pollera y veo que ahora tenés una tanga, distinta a la bombacha que me mostraste en el subte. Te preparaste para mi, putita.
Te corro la tanga y te escupo la concha. Luego te meto la lengua mientras me deleito con tus gemidos. ¡Qué hermosa y mojada concha!
Te saboreo despacio pero con intensidad. Mi boca se llena con tus fluidos mientras te paso la yema del pulgar por el agujero del culo, que ya comienza a dilatarse ante los amagues de ser penetrado.
¿Ya acabaste, conchudita? ¡Te voy a hacer acabar mil veces mas!
Te paso la lengua por la concha, por el culo, por todos lados. Te escucho pedirme mas, pero ahora prefiero cogerte.
Te la meto bien profundo y sin escalas, desde atrás, como vos esperabas. Te la meto una y otra vez, mientras te pregunto con cada envestida: ¿¡Era esto lo que querías, hija de puta!?
¡Cómo me gusta cogerte así! ¡Me vas a hacer acabar, la concha de tu madre!
La saco y te la acerco a la boca. En cuanto te la querés comer, la alejo. No te dejo chuparla. Y luego te la vuelvo a acercar. Me puteás, pero sigo sin dejarte.
En cuanto recupero la capacidad de contención, te tomo por la cintura y te termino de desvestir. ¡Ahora vas a ver, putita!
Me siento en el sillón y te coloco encima mío para que me cabalgues. ¡Qué bien me cabalgás! ¡Cómo te gusta esto!
Me pedis mas y yo te doy mas. Y mas. Y mas.
Ahora te das vuela y me mostrás tu espalda. Me seguis cogiendo como una zorra. Y yo te la sigo dando.
Te inclinas para dejar que te meta un dedo en el culo. Ahora tenes la chota en la concha y mi pulgar en el orto. ¿Te gusta? ¡Qué no te va a gustar!
Te pongo boca abajo y, ahora si, te cojo bien por el culo. ¡Como gritas! !Cómo me gusta que grites!
Ya no aguanto mas y te lleno el culo de leche. Parece que no te importa que mi pija anduviera por tu lado oscuro, ya que, luego de sacarla, me la succionas hasta dejármela bien seca.
Veo la lujuria en tu cara ¿Cuantas veces acabaste, calentona de mienrda?
Me visto y me voy. Vos te quedás así, desparramada en el piso, mirando para otro lado.

Viernes, cerca del mediodía.

Te veo. Te reconozco. Sos vos la que viene acercándose por el pasillo.
Te miro para saludarte, pero vos pasas de largo por al lado mío, sin decirme nada, sin siquiera dirigirme la mirada.
Y pienso… ¡Cómo te gustó lo de anoche, hija de puta! ¡Cómo te gustó!

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6 comentarios leave one →
  1. 23 noviembre 2010 20:36

    Este post lo tenía en borradores hace meses. Lo escribí no mucho tiempo después de que me cambié de trabajo. Nunca lo publiqué por considerarlo demasiado fuerte, pero ahora pienso “¿¡qué mas da!?”. Prefiero que sean ustedes quienes juzguen eso.

    Ahora bien, este post viene con consigna. A las lectoras les propongo que se animen a escribir el otro lado de esta historia. Es decir, la misma historia pero narrada desde la perspectiva femenina, así como yo lo hice desde la perspectiva masculina. Si alguna se anima a escribirla y mandármela, yo estaré deseoso de leerla. Mi mail es dobel.g@gmail.com.

  2. 25 noviembre 2010 02:02

    Ufffffffffffffffffff

    En cuanto se me desacelere la respiración y me vuelva la sangre a la cabeza, escribo algo. Frente a tal invitación, es casi imposible resistirse!

    Dobel, es usted un espejo de mil caras…

  3. 28 noviembre 2010 10:04

    Me gusto!!! Estoy sumamente picada ahora… pero dejo lo de escribir a otra, a mi ese tipo de cosas escritas no se me dan bien… 🙂

Trackbacks

  1. Despecho « ¡Estoy hasta las manos!

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