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Las cartas sobre la mesa VI

26 octubre 2009
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– Esperame que voy a buscar unos preservativos a mi habitación.
– No hace falta. Tengo acá, en este cajón.
– Ah, veo que lo tenías todo planeado….
– Me declaro culpable.

Saqué un sobre y lo abrí. Estiré el preservativo con los dedos para que no me ajustara tanto y lo desenrollé sobre mi erección.
Luego acomodé el cuerpo de de Tatu y le coloqué una almohada debajo de la cadera para tener un mejor y mas cómodo ángulo de penetración. Me quería asegurar que fuese una experiencia satisfactoria.
Volví a pasar mi lengua por toda su conchita, la estimulé unos segundos con mi pulgar y luego apoyé suavemente la cabeza de mi virilidad entre sus labios internos.

– Ah… -se estremeció, Tatu.
– ¿Estás bien?
– Si, estoy bien… confío en vos.

Comencé a frotar lentamente la cabeza entre sus labios y contra su clítoris. Luego, le empecé a deslizar todo el tronco, como si fuese una armónica que se dejaba tocar dulcemente por sus inocentes labios vaginales.
Cuando vi que la lubricación era óptima, posé nuevamente la cabeza en posición y comencé a penetrarla bien despacio.

– Ah… -se escuchó nuevamente a Tatu.
– ¿Freno?
– No, no… seguí…

Volví a introducir lentamente la puntita, que cada vez llegaba mas profundo. Su cara mostraba una mezcla de dolor y placer, entonces la saqué y volví a estimularla con mi lengua y mis pulgares, hasta que la apertura fuese la adecuada.
Intenté penetrarla una vez mas, y esta vez comenzó a ceder. Lentamente, pero gustosa de recibirme.
La cara de Tatu mostraba ahora una expresión de satisfacción plena. Probablemente el dolor persistía, pero era mayor el placer de sentirme y de saber que la estaba desvirgando que el del himen que se desgarraba.
La penetré despacito hasta que la base de la pija hizo tope en la parte externa de su concha.

– Ay, mi vida….
– ¿Qué?
– No puedo creer que estés dentro mío.
– ¿Te gusta?
– Si, me gusta…. mucho.
– ¿Duele?
– No, ya no.

Nos quedamos unos segundos así, sin movernos, yo dentro suyo, unidos como nunca.
Nos besamos. Mucho. Su lengua buscaba la mía. Nuestros labios amortiguaban eficazmente nuestros impulsos. Y la excitación comenzó a elevarse cada vez mas.
Comencé a moverme lentamente, muy lentamente, y a hacer movimientos circulares con mi cadera. Sentí que ella relajó del todo su pelvis. Cruzó sus piernas por detrás de mi cintura y comenzó a recirme.

6 comentarios leave one →
  1. 26 octubre 2009 14:05

    No no no! Te odio!!
    Nuevamente en el buen sentido, como volas hijo de tu madre!!

    Volviste a contactar a una psicologa?
    Me intriga hoy tu vida real Dobel… No se si será de la manera que contás tus pensamientos…

  2. 26 octubre 2009 19:34

    jajaja cuantas partes tiene esto??? ahora se viene la 2 no? jajajajjaaj

  3. 26 octubre 2009 22:52

    Mhhh-hhh

    El Profesor

  4. 26 octubre 2009 22:56

    Digo… demasiados post para un momento así.
    La pasión lleva a escribirlo todo de un tiròn.

    El Profesor

    • 27 octubre 2009 12:31

      Profe: fue escrito todo de un tirón, solo que lo voy publicando de a fragmentos.
      Saludos.

  5. gi! permalink
    27 octubre 2009 07:49

    Hay este post llega a caer en manos de tu amigo y te la corta!

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