Estimados lectores:
Bah, dejemos la formalidad de lado.
Gente…
Les comento que estoy atravesando una situación difícil en cuanto a lo laboral y, por ese motivo, estoy bastante alejado de este blog. Trato de responder a los comentarios que me hacen, pero no encuentro oportunidad para sentarme a escribir. Un poco por el tiempo que necesito para hacerlo y bastante porque tengo la cabeza puesta en otras cosas. No digo que Tatu ya no habite mi pensamiento, pero créanme que fue momentáneamente desbancada.
Bueno, eso. Espero tengan paciencia. Y espero también resolver ésto lo antes posible.
Saludos a todos
PD: Este post se autodestruirá ni bien retome el camino de la normalidad.
Con el correr de las horas, a Tatu se le fue yendo la bronca y asomando la curiosidad. No tuve necesidad de buscar el momento para explicarle lo de Agustina, sino que fue ella la que me buscó a mí para saber lo que pasó realmente. Y le conté todo, cómo nos conocimos, lo del parador, lo de la choza… todo.
- ¡Qué nabo!
- ¿Por?
- Por no habértela garchado.
- ¿Me estás hablando en serio? El otro día casi me mandás a cagar solo por habernos dado unos besos, ¿y ahora me decís ésto?
- Jaja. Sí… es que, qué se yo… no sé por qué me puse así. Después de todo, vos sos libre de hacer lo que quieras con quién quieras.
- Bueno, pero con Agustina no quería.
- Sigo sin entender qué te frenó.
- Yo tampoco lo entiendo mucho. Qué se yo… rayes que le agarra a cada uno.
- Y decime…
- ¿Qué?
- ¿Hace falta que te aburra para qué me comas la boca? Jajaja
¿”Jajaja”? ¿Me estaba gastando o encubría una pregunta en serio detrás de un chiste?
- Eso y operarte las tetas. A mi me calientan mucho las aburridas con tetas operadas. Jajaja.
- ¡Mirá que voy corriendo a sacar turno, eh! Jajaja
- Jajaja
- Jajaja
¿Cómo les explico lo calentito que me dejó?
Vovlimos de Mar del Plata el lunes a la noche. El martes me reincorporé al trabajo y recién nos vimos con Tatu esa noche en la cena.
Tatu preguntó como nos fue en MDQ y todo lo que se pregunta cuando uno vuelve de un viajecito. Hernán, casi lo primero que le dijo fue:
- ¿Te acordás de Agustina [aquí va el apellido]?
- Si, claro.
- Bueno, estaba en Mar del Plata. Y a que no te imaginás… ¡Dobel se la comió!
Casi escupo la comida.
- ¡Hey! No me la comí. Solo nos dimos unos besos.
- ¿¿En serio?? ¿¿Con Agustina [aquí va el apellido]??
- Si…
- ¡Es la mina mas puta que conozco! No te puedo creer que estuviste con ella.
En mi cabeza solo había lugar para un pensamiento: ¡¡Hernán y la concha de tu madre!!
- No estuve con ella. Solo nos besamos y porque estaba medio copeteado y aburrido.
- ¡Ah! ¡Excelente argumento, Dobel! ¿Se dan cuenta? Todos los hombres son iguales.
Me debatía entre seguir justificándome o dejarlo así. Si me seguía justificando, Hernán podía preguntarse por qué me importaba tanto la consideración de su hermanita, y si no lo hacía, corría el riesgo de quedar como el orto con Tatu.
- Bueno, yo no lo veo así, pero si vos querés pensarlo… Además fue tu hermano el que me la endosó, porque el quería estar con Ludmila. ¿Por qué no le contás a tu hermaníta que tenés novia, eh?
Y cambié el foco de la conversación. Aunque, por mas bomba de humo que tiré, se notaba que a Tatu no le gustó nada lo de Agustina, y me lo hacía saber claramente con su mirada. Si un par de semanas atrás nos habíamos acercado, con esta noticia retrocedía unos cuantos pasos.
En cuanto a la actitud de Hernán, no lo culpo. Él le teme a la posibilidad de que Tatu se enganche conmigo, por eso lo primero que hizo fue sepultarme. Después de todo, según lo que yo le conté aquella vez, a mi no tendría por qué importarme. ¿no?
Estimado dueño del blog “¡Estoy hasta las manos!”:
Hace meses que sigo atentamente la historia y me llama mucho la atención su protaginista.
Dobel es a veces impulsivo, y otras veces bastante medido y racional.
Es a veces un sin vergüenza y otras veces un hombre derecho y de palabra.
A veces guarango y otras veces refinado.
Es capaz de describir escenas de sexo con lenguaje explícito y vulgar, y sin embargo a veces siento que se sonroja detrás del monitor al escribir la palabra “teta”.
Es a veces el mas pajero y otras veces un dulce de leche.
A veces lo odio y otras veces lo adoro.Existe realmente una persona así?
Lo sigo leyendo.
Recibí este mail de parte de una lectora. Quise publicarlo -previa autorización de la autora- porque me resultó interesante compartir el concepto que tiene sobre mi alguien que me conoce solo por lo que escribo.
La respuesta a su pregunta es: Si, existe, siempre y cuando demos por ciertas sus apreciaciones. Pero sobre eso ya no estoy tan seguro.
Para mi sorpresa, Agustina besaba muy bien, con lo cual las horas se pasaron bastante rápido. La noche parecía ser mucho mas prometedora de lo que me había imaginado en un principio. Comencé a imaginarme, también, si con los besos se sacaba un 10, como sería en la cama. Cuando me quise acordar, ya eran las 5:30hs de la mañana, entonces emprendimos el regreso.
Gracias a Dios, Agustina no manejaba tan mal, si no me habría peleado con ella por la conducción del automóvil. Al llegar a la choza, la puerta de la habitación de Hernán estaba cerrada y no se escuchaban ruidos adentro. Juzgamos que estarían durmiendo. Entonces agustina volvió al ruedo y yo no me resistí. No al principio al menos. Pero luego me empezó a atormentar la idea de que lo que estaba haciendo estaba mal y no quise seguir.
Si bien yo no sabía muy bien por qué me sentía así, con Agustina me disculpé utilizando mi reciente ruptura como excusa. Ella trató de convencerme que no estaba mal que tengamos sexo e incluso que me iba a hacer mejor, pero al no lograrlo terminó diciendo que me entendía y que respetaba mi decisión.
Nos quedamos durmiendo juntos en la misma cama.
Me desperté cerca del mediodía. Agustina dormía al lado mío y Hernán desayunaba con Ludmila en la cocina. Tal como lo imaginaba, Hernán había ido a buscar churros a esa panadería que solo él y otros vecinos de la zona conocen, y que, según ellos, hacen los mejores churros rellenos de la costa atlántica.
- Se despertaron los tortolitos -dijo Ludmila al verme salir de la habitación. Eso me molestó bastante, pero qué le iba a hacer.
Al los minutos se levantó Agustina y terminamos desayunando todos juntos. Yo utilizaba mi cara de dormido como excusa para no participar mucho en la charla matinal, pero no pude eludir del todo el cuestionario de Ludmila. Igualmente, como mucho no me interesara lo que pensara en cuanto a lo ocurrido la noche anterior, dejé que Agustina les contara lo que ella tuviera ganas. De última, yo después le contaría a Hernán que pasó y qué no.
Una hora y pico después, las chicas se estaban yendo. Para Hernán y Ludmila, no parece haber sido cosa de una sola noche. Lo mío con Agustina, decididamente lo fue. Sobre todo por lo último que me dijo antes de cerrar la puerta del auto: “¡Mandale saludos a Tatu de mi parte!”.
Fuimos a encontrarnos con Ludmila y Agustina al parador, tal como habían arreglado con Hernán.
Ludmila es la hermana mayor. 29 años, abogada, pelo castaño y ojos claros. Según me contó Hernán, se conocían del club y había estado con él una vez hace 6 años, luego de una fiesta y estando los dos medio alcoholizados. Pero, mas allá de que entre ellos no pasó mas que eso, parece que se habían gustado bastante, ya que era evidente la forma en que se miraban.
Agustina tiene 25, empezó y dejó tres carreras distintas, trabaja de promotora, rubia (¿teñida?), de ojos claros y con tetas hechas. Una chica atractiva en lo físico pero difícil para la charla. No es que no sea simpática, o que sea muda, o retorcida. Simplemente es cansador, o al menos lo es para mí.
Cuestión que nos encontramos con ellas. Hernán y Ludmila hicieron rancho a parte al poco tiempo de encotrarnos y mi desafío fue sobrevivir la noche en compañia de Agustina. Yo traté de ponerle onda todo el tiempo, para eso recurrí al viejo y querido José Cuervo Especial.
En un momento aparece Hernán y me dice que se va para la choza (así le llamamos a la casa donde nos alojamos) con Ludmila. También me pide que aguante acá un rato, para darles un tiempo de privacidad, y que después vaya para allá con Agustina en su auto. Que las había invitado a que pasen la noche en la choza, así no se tenían que volver manejando solas. Mentira, obviamente. él quería amanecer abrazado a Ludmila y para eso necesitaba que Agustina también se quedara. A todo esto, Ludmila le estaba contando el plan a Agustina, tal como Hernán me lo estaba contando a mí.
Ni bien se van los chicos, Agustina se pone a bailar muy sensualmente delante mío. Yo ya estaba algo entonado, y otro tanto aburrido, entonces juzgué que la mejor forma de pasar el tiempo que tenía que aguantar ahí era teniendo un poco de acción. Así fue que, ni bien Agustina se me acercó un poco de mas, no vacilé en tomarla por la cintura y comerle la boca.
- Voy a comprar un licuado. ¿Querés? – me dijo Hernán, y luego se fue. Yo me quedé sentado en la arena, mirando el mar y tratando de abstraerme de la hiperabundancia de gente a mi alrededor.
Al rato regresa Hernán, pero no lo hace solo. Trae consigo, además del licuado, un par de muchachas.
- Los presento. Dobel, ellas son Ludmila y Agustina. Son unas amigas de Corrientes. Las encontré de casualidad.
- Hola, qué tal. Yo soy Dobel, amigo de Hernán del secundario.
- Hola, Agustina…
- Ludmila, pero decime Lu….
En cuanto Hernán ve la ocasión, me separa un toque para que las chicas no escuchen.
- Yo ya me comí una vez a Lu allá, en Corrientes, y quiero repetir acá. ¿Te ocupás de la hermana?
- ¿Son hermanas?
- Sí. ¿No vez que son iguales?
- Ahora que lo decís, sí. Son parecidas.
- Bueno ¿cuento con vos?
- Y bueno…
Hernán se le pegó a Ludmila y me quedé virtualmente solo con Agustina. Debo reconocer que Agustina era físicamente atractiva pero un cero en conversación. Por suerte la charla duró poco, porque a los 10 minutos Ludmila se despide de nosotros con un beso y se lleva a su hermana, quien también se despide con un beso, pero mas…. afectuoso.
- Quedé con las chicas para vernos esta noche en el parador. No te jode ¿no? -Me dice Hernán.
- No, para nada.
Y me quedé pensando… ¿serán artificiales esas tetas?
- ¿Qué está pasando entre mi hermana y vos?
- Que yo sepa, nada. ¿Por?
- ¡Dale! Puedo pasar por boludo, pero ni ciego ni sordo.
- ¿Lo decís por lo de recién?
- ¡Y claro! Boludo… ¿te gusta mi hermana?
- …
- ¿Te gusta mi hermana? ¡Contestame!
- A ver, Hernán… Tatu es una muy linda mina, no hace falta que me lo preguntes a mí, pero no, no me gusta de esa forma. No te olvides que la conozco desde que ella tenía 5 o 6 años. No puedo verla como mujer. Pero…
- ¿Pero qué?
- Obviamente no estoy para nada seguro, pero puede ser…
- ¿¡Puede ser qué!?
- Me parece que yo sí le gusto.
- ¿Vos a ella?
- Sí.
- ¿Por qué? ¿Te dijo algo?
- No, boludo. Mirá si me va a decir. Pero, cada tanto, tiene algunas actitudes raras conmigo. Por ejemplo la de recién.
- Aha…
- De vez en cuando empieza con indirectas y dobles sentidos que me dan a sospechar. Y sé que cuando ella era chica, antes que se vuelvan a Corrientes, yo le gustaba. Eso sí me lo dijo un día.
- No te puedo creer… ¿Y vos no le frenas el carro?
- Yo trato de no seguírsela, pero ya me conocés. A mi me encanta el papel de langa y titar los galgos en joda. Y a veces se me escapa con ella, y puede que eso haya influido.
- Boludo, tratá de no entusiasmarla, entonces.
- No, obvio. Pero tampoco puedo estar cuidándome todo el tiempo en qué digo o dejo de decir.
- Es que si se engancha con vos, va a sufrir y yo me muero.
- Quedate tranquilo, no creo que eso pase.
- Voy a hablar con ella.
- ¡Noo! No. No hables con ella. Tal vez me estoy equivocando fiero y me vas a hacer quedar como el orto, o como un boludo al menos.
- Pero si es cierto, no quiero que se siga enganchando. Y mas ahora que estas soltero.
- Entiendo, pero si le decís que no se fije en mí, seguro que se va a fijar mas. Y si no lo había hecho hasta ahora, puede que lo empiece a hacer sólo porque le dijiste que no lo haga. ¡Psicología pura!
- Sí, tenés razón… Pero bueno, fijate. No seas boludo y no la entusiasmes Porque te mato, jajaja ¿Sabés, no? Jajaja.
- Sí, lo sé. Jajaja.
No sé como carajo sigue ésto.
Desde que volvió Tatu de Corrientes, la cosa entre nosotros está algo tensa. Yo trato de cuidarme mucho, de no mirarla tanto, de medir mis palabras. Y ella me busca con la mirada, espera que le diga algo o que haga algo. La naturalidad parece haberse perdido.
Ayer mientras cenábamos los tres, se notaba que la conversación mucho no fluía. Hernán era el único que se comportaba como siempre y que sacaba temas de conversación. En cuanto hablábamos de cualquier cosa, Tatu siempre salía con algún comentario irónico en clara y a la vez encriptada referencia a nuestro asunto pendiente, y ahí se cortaba nuevamente la charla.
Luego de cenar, ya antes de bajar la persiana de la jornada, entra a mi habitación y me dice la famosa frase.
- Tenemos que hablar.
No fue Tatu quien pronunció las palabras. Fue Hernán quien irrumpió en mi habitación y me encaró.
- Si, decime. ¿Qué pasa?
- Vos sos mi mejor amigo y sabés que podés ser absolutamente sincero conmigo ¿no?
- Si, claro. ¿Por?
- Te voy a hacer una pregunta, y quiero que me respondas con absoluta sinceridad.
- Por supuesto.
- ¿Qué está pasando entre mi hermana y vos?
El 31 la pasé muy bien con mi familia. Hacía mucho que no iba a una reunión familiar sólo. Fue una muy buena ocasión para hablar con mis primos de otra forma, de otros temas. De emborracharme y de relajarme sin pensar en terceros.
Igualmente, al terminar la noche y volver a mi casa, sentí que me quedaba el deseo de algo mas en esa madrugada. Deseo de algo imposible de satisfacer. Entonces, frente a la impotencia de no poder hacerlo, me senté a escribir.
Subject: “RE: Vos te lo perdiste”
Tatu,
Ya había arreglado para pasar el 31 con mi familia, y no me arrepiendo de haberlo hecho. Así que, lamentablemente, tuve que perderme también la fiesta de fin de año, que no dudo que debe haber estado tan o mas buena que la de navidad.
Pero dejame, igualmente, decirte algo. Ya sea porque es año nuevo, o porque el alcohol me ayuda a tomar coraje, o porque ya cuesta demasiado guardármelo yo solo, y porque cuento con que lo que diga va a quedar entre nosotros y nadie mas, quiero decirte que pocas cosas en la vida me hubiesen gustado mas que pasar el fin de año con vos. Ir a esa fiesta juntos, emboracharnos un poco tal vez, y amanecer abrazados en algún lugar sólo nosotros dos. Por eso creo que fue mejor que no vaya. Me gustás tanto que no sé si hubiese podido conmigo mismo, y eso sin duda hubiese sido para problemas.
Y porque es año nuevo, y porque estoy escribiéndote a las cuatro y cuarto de la mañana, y porque aún estoy bajo los efectos del alcohol, vos vas a saber entenderme, disculparme y olvidarte de lo que escribí mas arriba.
Los mejores deseos para el 2010.
DobelPD: No te mando una foto de la reunión del 31 porque seguro no es tan glamourosa como la que me mandaste vos.
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Lo mandé sin pensarlo dos veces. Luego me arrepentí y me desarrepentí varias veces. Sé que no lo tendría que haber hecho, pero lo hice y estuvo bueno hacerlo. Algo se tenía que empezar a mover.
Ayer a la noche volvieron los chicos y cenamos los tres unas pizzas de las buenas. Yo la miraba a Tatu y me preguntaba si ya habría leido el mail. Pero ella actuaba como si no lo hubiese hecho.
La duda me carcomía. No podía irme a dormir así, sin saberlo, así que mientras nos despedíamos, y aprovechando que Hernán ya se había acostado, le pregunté a Tatu si había revisado los mails. Ella, entrando a su habitación, me responde “Sí, y no creas que no te vas a hacer cargo de las cosas que me dijiste.”, cerrando la puerta mientras lo decía y dejándome con la pregunta en la boca: ¿Qué habrá querido decir con eso?
Supongo que lo sabré en breve.